Composición fotográfica: 10 Reglas para Aprender a ordenar tus imágenes
Cuando empezamos en fotografía, es muy habitual pensar que para conseguir buenas fotos necesitamos una cámara mejor, un objetivo más caro o aprender un montón de ajustes. Pero hay algo mucho más importante que todo eso: aprender a mirar.
Puedes tener una cámara espectacular y hacer una fotografía que no diga absolutamente nada. Y también puedes hacer una fotografía muy sencilla y conseguir una imagen que llame la atención.
Una de las claves está en la composición.
Aprenderemos que es y como usar la composición fotográfica de una manera sencilla y práctica.
La composición es, básicamente, la manera en la que colocamos y organizamos los diferentes elementos dentro de una fotografía.
Dónde ponemos al sujeto. Qué dejamos dentro del encuadre. Qué eliminamos. Hacia dónde queremos llevar la mirada…Y aunque al principio pueda parecer complicado, existen algunas técnicas muy sencillas que te pueden ayudar a mejorar tus fotografías desde el primer momento.
- La regla de los tercios
Vamos a empezar por una de las reglas más conocidas de la fotografía: la regla de los tercios.
Imagina que divides tu fotografía con dos líneas horizontales y dos verticales. Obtendrás nueve partes iguales.
Los puntos donde se cruzan esas líneas son zonas especialmente interesantes para colocar el elemento principal de nuestra fotografía.

Por eso, en lugar de colocar siempre al sujeto justo en el centro, podemos desplazarlo hacia uno de esos puntos.
¿Cuándo puedes utilizarla?
Imagina que estás haciendo un retrato de una persona en la playa. En lugar de colocarla justo en el centro, puedes situarla aproximadamente en el tercio izquierdo de la fotografía y dejar espacio hacia el lado al que está mirando.
Así conseguimos que la fotografía tenga más aire y que la mirada de la persona tenga espacio dentro del encuadre.
También puedes utilizarla cuando fotografías un paisaje. Si el cielo es lo más interesante, puedes colocar el horizonte cerca del tercio inferior y darle más protagonismo al cielo.
Si, por el contrario, lo interesante está en el suelo —por ejemplo, unas flores, una carretera o una persona caminando— puedes colocar el horizonte más arriba.
Un consejo: Activa la cuadrícula de tu cámara Sony Alpha. Te ayudará muchísimo durante las primeras semanas.
- Utiliza las líneas para llevar la mirada
Mira a tu alrededor. Seguro que encuentras líneas por todas partes.
Una carretera, un camino, una barandilla, un puente, un edificio, las sombras de una ventana…
Estas líneas pueden convertirse en una herramienta fantástica para nuestra composición.
Las podemos utilizar para guiar la mirada del espectador hacia el punto que nos interesa.
¿Cuándo puedes utilizarla?
Imagina que estás haciendo una fotografía en un bosque y encuentras un camino que se pierde entre los árboles.
En lugar de fotografiarlo desde cualquier posición, busca un punto desde el que el camino empiece cerca de la parte inferior de la fotografía y vaya conduciendo la mirada hacia el fondo.
Si además colocas a una persona al final del camino, tendrás un elemento claro hacia el que dirigir la mirada.
Lo mismo puedes hacer con una carretera.
Una carretera que se aleja hacia el horizonte puede conducir la mirada hacia una montaña, una casa, un coche o una persona.
Las líneas diagonales suelen aportar más sensación de movimiento, mientras que las horizontales pueden transmitir tranquilidad y estabilidad.
La próxima vez que salgas a hacer fotos, no busques únicamente cosas interesantes. Busca también líneas.
- Aprende a utilizar el espacio negativo
Una fotografía no tiene por qué estar llena de cosas.
De hecho, a veces ocurre justo lo contrario.
Cuanto menos haya, más importancia puede tener el elemento principal.
El espacio negativo es ese espacio relativamente vacío que dejamos alrededor del sujeto.
¿Cuándo puedes utilizarla?
Imagina que encuentras un pájaro sobre una roca.
En lugar de acercarte todo lo posible para llenar el encuadre con el animal, puedes dejar una gran parte de la fotografía ocupada por el mar.
También puedes hacerlo en un retrato.
Coloca a una persona en uno de los extremos de la fotografía y deja una pared limpia o un fondo sencillo ocupando el resto.
Este tipo de composición puede transmitir sensación de tranquilidad, soledad o amplitud.
No tengas miedo de dejar espacio vacío. Ese espacio también forma parte de la fotografía.
- Utiliza un encuadre dentro del encuadre
Esta técnica puede sonar más complicada de lo que realmente es.
Consiste en utilizar elementos que ya existen en la escena para crear un marco alrededor de nuestro sujeto.
Una puerta, una ventana, un arco, las ramas de un árbol…
¿Cuándo puedes utilizarla?
Imagina que estás paseando por una ciudad y encuentras a una persona delante de un edificio.
En lugar de fotografiarla directamente, puedes buscar una puerta desde la que verla.
Fotografías a la persona a través de la puerta y utilizas el marco de esta para rodearla.
La puerta ayuda a separar al sujeto del resto de la escena y dirige nuestra atención hacia él.
Por ejemplo, fotografiar un paisaje a través de una ventana de una casa o utilizar las ramas de un árbol para enmarcar una montaña.
Antes de hacer una fotografía, mira alrededor. Quizá tengas delante el marco perfecto y no te hayas dado cuenta.
- Busca simetrías y patrones
Nuestro cerebro parece sentirse especialmente atraído por los patrones y las estructuras repetitivas.
Y la fotografía puede aprovecharse de ello.
Filas de ventanas, columnas, escaleras, bicicletas aparcadas, edificios, sombras.
Hay muchas posibilidades.
¿Cuándo puedes utilizarla?
Imagina que encuentras un edificio con una fachada completamente simétrica.
Puedes colocarte justo en el centro y hacer la fotografía de manera que ambos lados sean prácticamente iguales.
El resultado puede ser muy limpio y llamativo.
Pero hay otra posibilidad todavía más interesante:
romper el patrón.
Imagina diez ventanas exactamente iguales.
Si una de ellas está abierta mientras las demás están cerradas, inmediatamente llamará nuestra atención.
Esa pequeña diferencia puede convertirse en el protagonista de la fotografía.
Cuando encuentres un patrón, no te limites a fotografiarlo.
Pregúntate qué ocurriría si introduces algo diferente dentro de él.
- No te olvides del fondo
Este es uno de los errores más habituales cuando empezamos a hacer fotografías.
Nos concentramos tanto en el sujeto que nos olvidamos de todo lo demás.
Y después, cuando vemos la fotografía, descubrimos que detrás de nuestra persona hay una papelera, una farola o un montón de objetos que distraen.
¿Cuándo puedes utilizarla?
Imagina que quieres hacer una foto a un monumento en la calle.
El objeto está perfectamente encuadrado, pero justo detrás de se “cuelan” varios objetos que desvían la atención de la mirada.
En la fotografía, pueden aparecer elementos (señal, contenedor, plantas,…) que distraen la atención del objeto representado. No necesitas cambiar de cámara, ni siquiera necesitas cambiar de objetivo. Solo tienes que moverte.
Da dos pasos hacia un lado o pide a la persona que se mueva.
Muchas veces un pequeño cambio de posición puede hacer desaparecer un elemento que estaba arruinando la fotografía.
Antes de pulsar el disparador, acostúmbrate a mirar también el fondo.
- Cambia tu punto de vista
Otra cosa que hacemos mucho cuando empezamos es fotografiar siempre desde la misma posición.
Estamos de pie.
Levantamos la cámara.
Y hacemos la foto.
Pero puedes cambiar completamente una imagen simplemente cambiando tu posición.
¿Cuándo puedes utilizarla?
Imagina que estás fotografiando a un perro.
Si haces la fotografía desde tu altura, estarás mirando al animal desde arriba.
Ahora agáchate.
Coloca la cámara aproximadamente a la altura de sus ojos.
La fotografía cambiará completamente.
También puedes utilizar esta técnica en arquitectura.
Si te colocas cerca del suelo y apuntas hacia arriba, un edificio puede parecer mucho más alto e imponente.
Y en un paisaje, simplemente agacharte puede permitirte incluir unas flores o unas rocas en primer plano.
Antes de hacer una foto, muévete:
Agáchate.
Acércate.
Aléjate.
Muévete hacia un lado.
Prueba otra altura.
Muchas veces la mejor composición está a solo unos pasos de donde estabas inicialmente.
- Crea profundidad
Una fotografía es plana.
Pero podemos hacer que parezca que tiene profundidad utilizando diferentes planos.
Una manera sencilla de conseguirlo es incluir elementos en:
- Primer Plano
- Plano Medio
- Fondo
¿Cuándo puedes utilizarla?
Imagina que estás fotografiando un camino.
Puedes hacer una fotografía en la que aparezcan únicamente el camino y el bosque.
Pero también puedes buscar unos arboles para colocarlos en primer plano.
Después puedes incluir una persona o un banco en el plano medio.
Y finalmente tendrás el camino y el bosque al fondo.
Ahora la imagen tiene diferentes niveles y resulta mucho más fácil transmitir sensación de profundidad.
Esta técnica funciona especialmente bien en paisajes, pero también puedes utilizarla en fotografía urbana, viajes o retratos.
No pienses solamente en lo que está delante de ti.
Piensa también en qué puedes colocar delante de tu sujeto.
- Deja espacio hacia donde mira o se mueve el sujeto
Cuando fotografiamos una persona, un animal, un coche o cualquier objeto en movimiento, hay algo que debemos tener en cuenta:
¿hacia dónde está mirando o moviéndose?
Puedes cambiar completamente una imagen y su significado simplemente cambiando tu posición.
¿Cuándo puedes utilizarla?
Imagina que estás fotografiando a una moto acuática que circula hacia la derecha.
Puedes colocar a la moto acuática en la parte izquierda de la fotografía y dejar espacio delante de ella.
De esta manera, parece que tiene un lugar hacia el que avanzar.
Si la colocas pegado al borde derecho y dejas todo el espacio detrás, la sensación será completamente diferente.
Lo mismo ocurre con un retrato.
Si una persona está mirando hacia la izquierda, normalmente resulta más natural dejar espacio delante de su mirada.
No es una regla que tengas que cumplir siempre.
Pero es un buen punto de partida.
- Aprende a romper las reglas
Y ahora viene una de las partes más importantes.
Las reglas de composición no son leyes.
No tienes que aplicar la regla de los tercios en todas tus fotografías.
No tienes que dejar siempre espacio delante de una persona.
Y no tienes que evitar colocar un sujeto en el centro.
Primero aprende las reglas.
Después entiende por qué funcionan.
Y finalmente decide cuándo quieres romperlas.
¿Cuándo puedes utilizarla?
Imagina que estás haciendo un retrato de una persona jugando con el tiempo.
Puedes colocarla en diferentes posiciones del encuadre.
Si además el fondo es inerte, puedes conseguir una imagen muy potente y dinámica.
En este caso, romper la regla de los tercios puede ser precisamente lo que hace que la fotografía funcione.
La pregunta no debería ser:
“¿Estoy siguiendo las reglas?”
La pregunta debería ser:
“¿Esta composición ayuda a contar lo que quiero contar?”
Un ejercicio para empezar hoy mismo
No necesitas esperar a viajar a un lugar espectacular.
Puedes practicar composición en casa, en tu barrio o durante un paseo.
Elige cualquier cosa que tengas cerca.
Una persona.
Una bicicleta.
Un árbol.
Un edificio.
Incluso una taza de café.
Y haz varias fotografías del mismo sujeto.
- Primero, colócalo siguiendo la regla de los tercios.
- Después, haz una fotografía centrando el sujeto.
- Busca unas líneas que puedan dirigir la mirada.
- Prueba a dejar mucho espacio vacío.
- Cambia la altura de la cámara.
- Acércate.
- Aléjate.
- Y busca algún elemento que puedas utilizar como marco.
Compara todas las fotografías.
El sujeto es el mismo.
El lugar es el mismo.
Pero las fotografías serán completamente diferentes.
Y ahí es donde empiezas a entender realmente la composición.
La composición no consiste en memorizar reglas
Aprender composición fotográfica no significa memorizar diez reglas y aplicarlas mecánicamente.
Significa aprender a observar antes de disparar.
Cuando encuentres una escena interesante, no saques inmediatamente la cámara y hagas una fotografía.
Dedica unos segundos a mirar.
¿Qué es lo más importante?
¿Hay algo que distraiga?
¿Puedo cambiar mi posición?
¿Hay alguna línea que pueda utilizar?
¿Dónde quedaría mejor el sujeto?
¿Necesito dejar espacio?
Con el tiempo, estas preguntas empezarán a aparecer automáticamente en tu cabeza.
Y eso es precisamente lo que buscamos.
Porque mejorar en composición no consiste únicamente en aprender a hacer mejores fotografías.
Consiste en aprender a mirar mejor.




































